Por qué en el fondo todos celebramos el día del niño

El día del niño es, sin lugar a dudas, uno de los momentos más radiantes y esperados del año. Es esa fecha mágica donde los más chicos reciben un regalo solo por el hecho de ser niños, pero también es una gran oportunidad (y excusa) para que los adultos conectemos con nuestra propia alegría interna y celebremos con ellos (o como ellos). La realidad es que todos nosotros llevamos un niño interno, que está lleno de curiosidad, entusiasmo y ganas de jugar. Aunque el paso del tiempo y las responsabilidades nos hagan poner una capa de seriedad o madurez para enfrentar el mundo adulto, esa esencia infantil nunca desaparece. A lo largo de mi camino diseñando juegos de mesa, he aprendido que hacer florecer esa chispa de la infancia es mucho más simple y hermoso de lo que imaginamos.

Los juegos de mesa tienen una magia: son un boleto de regreso a la infancia, y lo mejor que es compartido. La nobleza está que con un papel que tiene un conjunto de sencillas reglas, nos sumergimos de manera voluntaria un desafío, donde debemos usar la creatividad para resolver situaciones divertidas. Esa competitividad sana, llena de chistes y miradas cómplices, es el vivo reflejo de cómo descubríamos el mundo cuando éramos chicos, cuando todo nos asombraba y nos parecía una oportunidad para explorar. Abrir un juego de mesa nuevo nos devuelve una vez más la capacidad de sorprendernos, de jugar en conjunto y de abrazar el entusiasmo de lo novedoso. Por eso considero que un juego de mesa es experiencia bacán para el día del niño, porque se convierte en un tesoro invaluable: la oportunidad de volver a jugar con tu niño interno en conjunto a otros.

La mesa es un punto de encuentro de risas y complicidad

Cuando te sientas alrededor de un tablero con personas que están en tu misma sintonía de juego y buena onda, van a conectar, se creará un puente entre ambos y tu niño interno, es decir, tu esencia, saldrá a la luz. Se genera un ciclo positivo de energía contagiosa con los demás, simplemente porque todos en el grupo han decidido sintonizar el mismo canal y ponerse en la misma ficción del juego. La mesa se transforma en un espacio de absoluta confianza y relajo, donde la máscara de ficción del juego nos permitirá: competir, explorar, o incluso hasta engañar si el juego así lo requiere. Dejando de lado, o en pausa, las preocupaciones adultas. Sé perfectamente que esta hermosa conexión no se produce exclusivamente con los juegos de mesa (pero a eso he dedicado mi vida); sino que otras experiencias, como cuando cantamos karaoke con amigos, cuando salimos a explorar la naturaleza en un viaje o cuando disfrutamos de un videojuego cooperativo.

Lo simple permite que la diversión fluya más fácil

Sin embargo, como diseñador de juegos de mesa, siento el deber de denotar que están hechos de algo tan simple, accesible y noble como lo es el papel y el cartón. Es como que fueran un manual de instrucciones donde si sigues los pasos que están ahí indicados, te garantizará felicidad y recuerdos inolvidables. Y personalmente la línea de mis proyectos es precisamente facilitarle a la gente el acceso a su propia alegría, logrando que se sientan plenos, libres y felices en su propia esencia, por eso creo juegos de mecánicas simples. Obviamente hay quienes disfrutan de juegos de la alta complejidad estratégica y normalmente ellos ya tienen una facilidad tremenda para activar su lado lúdico cuando quieren. Pero la gran mayoría de la gente tiene ese lado más apagado y mi meta es llegar a todas aquellas y avivar su faceta juguetona, la energía de la infancia e darles un camino a volver a conectar con esa vitalidad. Al eliminar las barreras de las reglas difíciles, y priorizar dinámicas ágiles que se explican en dos minutos, la gente se relaja al instant y, se desata la espontaneidad de manera natural y radiante.

Estoy convencido de que, más allá de la celebración que marca el calendario comercial, el día del niño debería ser un recordatorio de que merecemos incorporar el juego en nuestra vida cotidiana con mucha más frecuencia. Por es, el día del niño, es una gran excusa para compartir una tarde de juegos y recargar energías y fortalecer los lazos con quienes más amamos. Cuando dejamos que nuestro lado más alegre se exprese, conectamos de forma inmediata y profunda con los demás, creando puentes de empatía y sonrisas que iluminan nuestras vidas.

la memoria feliz que perdura en el tiempo

Optar por un juego de mesa como el regalo para el día del niño va muchísimo más allá de entregar un objeto material. Es regalar un momento (o muchos) de atención plena, de presencia, de conexión con el otro, de conversaciones memorables, y de mirarnos directamente a los ojos. No hay nada que me llene más de satisfacción saber que mis diseños son ayudan a un papá, una mamá, un abuelo o a un hermano a que se desconecten un rato de sus deberes (y el celular) y se miren las caras y jueguen como si todos tuvieran la misma edad.

Este año, te invito de verdad a planificar un día del niño centrado en crear experiencias compartidas, esas que llenan el álbum de fotos del corazón. Atrévete a llenar la mesa de cartas coloridas, a reírte a morir de las jugadas más absurdas y a dejar que la conexión guíe la jornada. Te aseguro que el regalo más valioso que puedes darle a los más chicos (y el que tú mismo vas a atesorar), es el recuerdo imborrable de haber compartido un día de juegos.

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